Colección de Insectos de la Universidad del Quindío, historia de un referente de la Artrópofauna en la región y el país

“Una evidencia de la diversidad de la región, de un país, de una zona geográfica, una biblioteca de la vida”… Son formas de justificar el tener colecciones biológicas, es la razón que damos para quién pregunta para qué necesitamos recolectar. Algunos llegamos a la colección por la pasión de estudiar los grupos biológicos que nos gustan, por la pasión por coleccionar, sin dar mucha importancia a la razón inicial, luego la entendimos y defendemos como el legado histórico y biológico que intentamos preservar.

Año 2004. Fredy Molano Rendón, Andrea Lorena García, Leonardo Mendoza y Francisco Ardila.

Recuerdo que, como otros biólogos, inicié mi carrera como preparación para las pruebas de estado, dado que mi única carrera posible era la medicina. Sin embargo, cursar un semestre y conocer al entonces encargado del Museo de Artrópodos (MAUQ), el profesor Fredy Molano Rendón (un profesor joven y apasionado de la Entomología), fue suficiente para olvidar la medicina. Yo había coleccionado insectos muertos desde niña, pero nunca pensé que estudiarlos podría ser una profesión. Fue simplemente fascinante encontrar otras personas que hicieran lo mismo y muy pronto me ofrecí como voluntaria del museo. En ese entonces el MAUQ, fundado en 1998, por el profesor Cesar Rodríguez Torres (Q.E.P.D.), era un atractivo mágico para las personas que visitaban el edificio de la Facultad de Ciencias Básicas y Tecnologías de la Universidad del Quindío. En la locación donde ahora se encuentra la Unidad de Virtualización, la gente se fascinaba al entrar y ver mariposas colgando, cajas con escarabajos, una tarántula que rescatamos de la muerte y un cangrejo azul, que nos trajeron en donación y eran nuestras mascotas. Los vidrios de ese espacio permitían enamorarse de los bichos que se asomaban por las ventanas. Yo me pasaba horas organizando escarabajos por forma, tamaño y color. El olor a naftalina, al vino que se forma tras tener mucho tiempo guardados los bichos en alcohol, era para mí fascinantes.

Año 2010. Mitja Krajnc (Eslovenia), Andrea Lorena García, Diana María Méndez y Margarita López.

Un tiempo después, el profesor Fredy Molano empezó a trabajar en Biología y decidió iniciar una colección para este programa -Colección del Laboratorio de Entomología de la Universidad del Quindío (LEUQ) registrada luego como Colección de Insectos de la Universidad del Quindío (CIUQ)- en cajas de zapatos almacenamos nuestros primeros ejemplares, un grupo de estudiantes entusiastas formamos un semillero de insectos acuáticos y pasábamos los fines de semana colectando chinches en charcos y pantanos del Departamento. Yo seguí con mi propósito de ayudar a crecer y ordenar este nuevo proyecto, que crecía cada día con asignaturas y trabajos de grado. Teníamos un espacio en el cuarto piso del edificio, donde almacenábamos unas cuantas cajas de cartón, que nosotros mismos fabricábamos.

Año 2015. Andrés Felipe Ríos, Daniela Hoyos, Elder Vásquez y Sebastián Vásquez.

Un día, sin pensarlo, el bloque llamado “nuevo”, a solo unos años de su construcción colapsó, las ventanas del primer piso estallaron y muchos muros amanecieron en ruinas, los escombros fueron la sentencia de cierre del bloque; y hubo acceso limitado a trabajadores y unos pocos voluntarios que limpiábamos las colecciones. Dada la tardanza del proceso de reconstrucción, que duró más de un año, debí trasladar las cajas de cartón al edificio de la Facultad de Agroindustria, pues ya en ese momento no quedaban más voluntarios. El calor, la humedad y la dificultad de almacenamiento amenazaban la colección, pero aguantamos, después de una larga espera de casi dos años, retornamos al edificio de Ciencias Básicas. Ya no teníamos museo, ni colección, el espacio había sido reasignado y para completar, el profesor se había ido a otra universidad. El museo fue ubicado en un espacio paralelo que no representaba ni una cuarta parte su tamaño original y para la colección de insectos no había mucha iluminación. Fue el Herbario de la Universidad del Quindío (HUQ) donde en ese entonces era la sala de Monocotiledóneas, el que abrió un espacio para albergar las 52 cajas de cartón piedra y casi 3000 bichos que tenía la colección.

Año 2017. Andrés Felipe Ríos, Laura Vásquez, Daiana Castro y Elder Vásquez.

Desde ese momento el camino continuó, crecimos de a poco, enfrentamos un incendio, falta de presupuesto, hongos, bichos come bichos e indiferencia. Pero no me rendí, ya con el apoyo de la profesora Rocío García, entomóloga vinculada al programa de Biología, y algunos de sus estudiantes, seguimos el proceso.

Después de regresar de la maestría y ya vinculada como docente, apoyada por estudiantes que como yo querían la colección y se enamoraron de los bichos, continuamos este proyecto que hoy nos llena de orgullo. En los últimos años el apoyo por parte de la Vicerrectoría de Investigaciones ha aumentado y el Centro de Estudios e Investigaciones en Biodiversidad y Biotecnología (CIBUQ), ha sido un apoyo desde siempre. En 2017, MAUQ se cerró definitivamente, después de años de luchar con las plagas, hongos y demás factores administrativos que lo llevaron a ser entregado a la colección CIUQ.

Año 2019. Natalia Andrea Quirama, Daniela Hoyos Benjumea y Andrea Lorena García, directora CIUQ.

Ahora podemos mostrar nuestra colección como una de las más consolidadas y ordenadas de la región, con casi 40.000 ejemplares, 10 especies tipo descritas de recolectas del Quindío, gran número de proyectos de grado, trabajos de investigación y publicaciones asociadas; somos reconocidos ante otras instituciones y colecciones del país, quienes nos toman como referente de la Artrópofauna del Departamento y lugares aledaños.

Esta historia no es solo la mía, es la historia de muchas colecciones del país, algunas como la nuestra, crecen y persisten, pese a las dificultades para su conservación como un centro de memoria, como un tesoro de la diversidad de nuestra región; pero otras, se deterioran por la indiferencia, por la negligencia, por la miseria de inversión que las llevan a desaparecer, y con ellas, mucho de lo que nunca conoceremos.

Por: Andrea Lorena García Hernández
Curadora de la Colección de Insectos de la Universidad del Quindío (CIUQ).

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