Las oportunidades que se abren en medio de las dificultades

“…el presente puede parecer un retroceso en nuestro avance hacia la igualdad humana, pero no es el apocalipsis y, en el fondo, no deja de ser una oportunidad para que la esperanza y el esfuerzo logren hacer mucho bien”
Martha Nussbaum

Por: José Fernando Echeverry Murillo

El mundo afronta tiempos de cambios acelerados que le plantean grandes retos a la humanidad; vemos cómo en diferentes países se suscitan transformaciones que impactan profundamente las estructuras sociales, económicas, políticas, culturales. Por supuesto, las relacionadas con la educación no están exentas de estos impactos profundos que afectan de una u otra manera a la realidad. Es el mundo de la incertidumbre en pleno auge.

Así mismo, los retos para las actuales profesiones; los continuos cambios en las ciencias y las disciplinas; las mutaciones de las prácticas de enseñanza y aprendizaje; la configuración de nuevos horizontes en investigación aplicada; los recientes caminos de encuentro con la extensión; la apropiación social del conocimiento, entre otros, son aspectos que hacen parte de las transformaciones que desde las universidades se establecen en beneficio de la sociedad y que, por ende, resignifican la labor educativa actual.

Por ello, es importante reconocer los momentos en los cuales se enmarca la actual situación social del país y que, de manera directa, impactan los tres ejes misionales de docencia, investigación y extensión, naturales a las Instituciones de  Educación Superior.

Dentro de ese contexto, el año pasado los diferentes actores y estamentos de las Universidades Públicas le pedimos al Gobierno Nacional más recursos económicos que garantizaran la supervivencia de las Instituciones en medio de la realidad tan exigente que vivimos. En ese entonces, se configuró una movilización social que, desde nuestros roles, respaldamos, ayudamos a construir y que redundó en un incremento significativo, no el necesario,  dentro del presupuesto para educación superior en las siguientes vigencias.

Es así como, en 2019, se dispusieron unos dineros iniciales, los cuales aprovechamos racionalmente a partir de la planificación estratégica de cada Institución. Los rectores de las universidades públicas informamos oportunamente esta situación y reconocimos el cumplimiento del Estado por los acuerdos logrados el año anterior.

Así las cosas, las organizaciones estudiantiles en una posición respetable, decidieron sumarse a la movilización nacional liderada por diferentes actores sociales durante la finalización del segundo semestre. Denunciaban, con imprecisión, un incumplimiento de lo pactado. Esto llevó a que el Gobierno Nacional, en cabeza de la Ministra de Educación, junto con los rectores de las IES, los medios de comunicación y otros estamentos, planteáramos las debidas razones que desmentían el mencionado incumplimiento. 

De igual manera, cabe expresar que los sectores estudiantiles desarrollaron sus protestas, acompañando otros temas sociales que de una u otra forma, también competen al  sentido de la universidad pública colombiana.

Bajo este último criterio, desde la Universidad del Quindío, sus consejos Superior y Académico, los directivos, los funcionarios y el cuerpo profesoral, respetamos siempre las iniciativas de movilización ciudadana que se tejieron al interior de nuestra alma máter. Permitimos mayor flexibilidad para que las responsabilidades académicas no fueran un impedimento a las manifestaciones pacíficas de la comunidad; todo bajo la premisa de garantizar el transcurso de nuestros objetivos misionales y enmarcados en el respeto por la diferencia, la sana convivencia, la universidad como territorio de paz, la no violencia.

No obstante, la protesta social se destiñó al interior de la Uniquindío. Diferentes circunstancias e informaciones manipuladas por un reducido grupo de estudiantes, docentes y administrativos, llevaron a que la movilización social de orden nacional se transformara en una protesta local con fines particulares, desvirtuando el sentir generalizado en todo el país. Aquí, por ejemplo, todo lo centraron en denuncias y atropellos a funcionarios que representan legalmente altas dignidades dentro de la Institución, tratando de sustituir el Estado Social de Derecho que se plantea en nuestra Constitución por un Estado de Opinión fundamentado en la tergiversación, las emociones y los prejuicios.

En suma, se configuraron todo tipo de hechos vandálicos y comportamientos inadecuados al interior de la Universidad del Quindío, bloqueando de esta manera el ingreso a la misma y ocasionando pérdidas que, como es obvio, afectan nuestro presupuesto. Cabe anotar que entre los protagonistas de estos actos, muy escasos en número, también había personas ajenas al alma máter. La anormalidad misional se hizo evidente en ese momento.

Pero como en medio de las dificultades la sensatez se impone, se activó un plan de contingencia que permitiera cerrar exitosamente el segundo semestre de 2019, lo cual se logró con éxito, gracias al compromiso de la mayoría de estudiantes, administrativos y docentes y al uso de estrategias creativas, como lo dice nuestro lema. Los compromisos institucionales internos y de relacionamiento los cumplimos a cabalidad.

En otras palabras, los uniquindianos priorizaron sus responsabilidades académicas y administrativas, por encima de las vías de hecho y de desestabilización que se pretendieron. Ello, simbólicamente, fue una muestra de rechazo a la violencia y al vandalismo –provenga de donde provenga– y un llamado al diálogo razonable.

Se concluye, entonces, que el caos es un aliciente para el esfuerzo colectivo hacia el bienestar y el buen vivir de la mayoría. Se respondió apropiadamente a la confianza social depositada en nosotros. Demostramos responsabilidad.

Como colofón de estas reflexiones, no puede dejarse de lado hablar acerca de las responsabilidades diversas que se desprenden de estos acontecimientos. Surgen entonces algunas preguntas al interior de la comunidad universitaria: ¿cuáles son los mecanismos más efectivos que se pueden implementar para contrarrestar en un futuro este tipo de hechos que, de una u otra manera, afectaron la cotidianidad interna y externa? ¿Cómo podemos hacer respetar los derechos colectivos frente a situaciones en los que unos pocos deciden unilateralmente restringirlos a través de medidas de hecho? ¿Cuáles son los caminos del diálogo conducentes a la construcción colectiva en medio del irrespeto y los vejámenes que afectan la dignidad humana?

En síntesis, para las situaciones externas, están las autoridades de la ciudad, las cuales ya cumplieron su obligación recuperando la movilidad total en el sector que había sido afectado con el cierre de la carrera 15. En lo interno, las instancias administrativas, académicas y los cuerpos colegiados de la Universidad del Quindío, debemos analizar siempre a la luz del debido proceso este tipo de hechos, con el propósito de aplicar las medidas que los estatutos establecen y, de esa forma, cumplir la constitución y las leyes como lo juramos al posesionarnos de nuestros cargos.

Solo así podremos dar un parte de tranquilidad a la ciudadanía de la región y el país, en donde como referentes sociales responsables, ante todo respetamos las leyes y también las expresiones de protesta connaturales a la Universidad Pública; pues somos un escenario social que propicia el diálogo permanente, el respeto por las diferencias, los principios éticos y de convivencia, así como la inclusión, la paz y la discusión razonable.

Quedan entonces estas épocas para que cada uno de nosotros reflexionemos sobre el papel que tenemos como actores sociales que construyen universidad. Es el momento propicio para que la esperanza y el esfuerzo colectivo logren el bienestar que todos esperamos.

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